Rodrigo Verdugo, POETA incansable creador de las más profundas imágenes aladas en versos memorables

 

Hoy recibimos en nuestra casa la magia de este gran trovador de versos cargados de imágenes vivas, sensibles en las metáforas encrucijadas de la mente humana. Su forma y sencillez nos lleva a una gran travesía en esas palabras tan bien declamadas en el surrealismo más pleno, recordando a Mallarmé y esos sueños Borgeanos entrelazados con círculos ensoñadores conducidos por una sinfonía cautivadora del lenguaje desde sus inicios, siempre un gran respiro hondo de la más limpia y pura poesía.

Rodrigo Verdugo (Santiago de Chile, 1977). Es Poeta y Collagista. Ex miembro del Grupo Surrealista Derrame y ex secretario del Pen Chile. Su obra ha sido publicada en revistas y antologías chilenas y extranjeras, además de ser traducida parcialmente al: ingles, francés, italiano, portugués, polaco, árabe, uzbeko, rumano, búlgaro, catalan, albanes y holandés. Ha participado en exposiciones colectivas en España, Portugal, República Checa, Costa Rica y Egipto. En 2016 junto a los poetas Felipe García Quintero y Guillermo Martínez forma parte del jurado del II Premio Nacional de Poesía «Festival de Poesía de Medellín», (Medellín, Colombia). Es autor de los libros Nudos Velados (2002), Ventanas Quebradas (2014) y Anuncio (2017). En 2018 es incluido en el dossier: «Poêtes chiliens contemporains, le temps des brasiers», preparado por el poeta, ensayista, crítico literario y secretario general de la «Academia Mallarmé», Christophe Dauphin en la revista: Les hommes sans Èpaules, nº 45 (Ecouen, Francia). 

«UN POEMA ES UN MISTERIO CUYO SECRETO DEBE BUSCARLO EL LECTOR». S. Mallarmé.

SIN

Yo eche a andar tu alma sobre las ondulaciones
hasta concentrar una celeste hostia craneana,
estuve deshecho hasta que decidí entrar al cubo
mi descendencia quedó ahora
las conexiones del crepúsculo
me hicieron besar una gallina tiñosa.
Soy de la casta de los que han vuelto liquidas a las esfinges
adórame junto a los seres minúsculos,
a los que hacen con la fibra de los pájaros
tenores que gritan de noche en los desiertos.
El asombro del mar entra a la fuerza en los espejos
quedó afuera el saco de dormir de la centella
y algo cubre la montaña
martillamos el euforbio
los golpes resuenan hasta en el mercado negro
allí deben quedar algunas llamaradas
que no pudieron cabalgar los dioses, al son del coro de demacrados
allí debe estar todavía la ceniza gigante que vende aullidos de lobos
los cohetes cubiertos de telarañas, los gatos saltando entre próstatas de topacio.
No me conoces, pero estoy contigo en esa noche erosionada, estaré contigo en la flecha que nos arranca metamorfosis trizada,
hasta los sonámbulos de acero aceleran la venida de la roca daltónica
sean bendecidos de una vez detrás de esa catedral
a través de la cual las heridas retienen los ruidos del sueño,
ella es de una arquitectura que la impulsa a arrebatarnos gérmenes marinos
y dar silbidos cenicientos,
si la miramos de frente, es porque estamos en la pluma
sin importar la dirección, o el viento,
con dados que caen al manantial de azufre
cubierto de hemipléjicos,
de modo que de la sangre de los pájaros
hemos hecho padre y madre.
Tu ya vas subiendo hacia mi
pasas la cantera de vapor que me mantiene amarrado a un álbum
vamos, repasa sus páginas una y otra vez
encontraras al maniquí domado en la selva
vamos, repasa sus páginas una y otra vez,
encontraras la luz zoofílica,
pies planos, un peso de abismo,
quizás tendrás un poco de ella en la mirada
y habrán otras cosas que no podrás ver:
acuarios que flotan en el gemido
donde espectros se gastan.
Salgo de la pluma viperina y entro en la memoria
no a la fuerza, pero si con la rapidez de quien
salta la cuerda para vivir mil años entre estrellas y larvas,
sin la lampara oscura que vaga dentro de la sed.
Mejor tiéndete conmigo en la arena
la sombra se despojará de grados macabros
ayúdame esta noche a ignorar
que la fiebre anclada a la luna
salpica jinetes a lo largo del suicidio de coros
que desayunaron mis huesos.


NEXO

En memoria de mi abuelo, el historiador Alejandro Pizarro Soto.
«Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir mi Lebu en dos mitades»
Gonzalo Rojas Pizarro.

Aunque no lo quieras
el espacio asimila las puertas,
admite el invisible párpado que hay entre el día y la noche,
mezclamos las sombras sobre dios,
y así creamos la noche y de noche el bosque es un ahorcado,
todas las hojas llegan a conclusiones sangrientas.
Saltan del columpio de estalactitas los esclavos incoloros
con un grillo trasatlántico en las manos
buscan ser proyectados por los átomos
pueden ver más lejos que todos nosotros,
hasta las potestades que encallan en los sueños centrales,
hasta el génesis que se volvió pedregoso,
nombrándonos amarra por amarra hasta el nudo inicial.
Aunque no haya cicatrizado lo innombrable
voy a hablar de ti con tu propia lengua
justo cuando la cintura de los cometas este hilvanando corrupciones cilíndricas.
¡Tú, el que más ha mirado hacia abajo!
horrorizado por tanta mujer negra colgada del racimo de piedra
oscilando con lascivia de cóndor a toda hora.
Por piedad has desaparecido, te has mezclado a los herreros de diamante
que hacen que surjan y se agiten mareas en miniatura para los labios,
muy lejos, muy lejos, el pasajero contenido del aire, los testigos reunidos
a escondidas ellos dirán que lo palpo, lo palpo, lo palpo todo
llenándome con el silbido que cose los espejos
tiro hacia atrás raíz de la nada
silbando a través del pájaro inconcebible
que hay entre el fuego y un matrimonio de venas
en lo bajo de las luces que vigilan la sed.
Nada existe para los huesos y yo lo permito
estrellándome como una bestia desconocida contra los escombros
no fuimos hechos para nuestros ojos
sino para los ojos locos del tacto,
como un olor a plantas en plena tormenta,
lo abierto ya ha pasado la prueba del agua,
juntemos pestañas de profanos para el verano
encendamos un manicomio de larvas,
alejémonos de todo con una mordedura de humo y seamos felices
no importan las horas que disparen lechos contra una mezcla que resiste
que más dan unos muertos más que siguen mapas de viento
y ven lo que ha quedado de sus anhelados signos,
deben tocar la piel y sentir el punto de niebla que despoja a los animales
hechizados,
deben de reunirse más allá con todas sus espesuras,
y las cajas y las cajas y las cajas,
y el tórax de increíbles gritos de arena,
nuestra circularidad da origen a profanadores de hielo.
Por cada noche que se vuelve sagrada en la caída de un pájaro,
potencias espinosas saltan sobre los aniversarios,
los ovnis se llenan de amebas azafatas, lo que sigue en la laxitud para lo que no conocemos
¡cuánta al llamar!,¡cuánta al nacer!, ¡cuánta al morir!
al oler de lejos a las embarazadas con un hocico de dinosaurio,
al estar frente al vuelo que junta todas las tempestades,
bajo un cielo reducido a cucharas, a alcances martirizados
que nos hacen ver de un momento a otro,
todo lo que debimos olvidar y deshacer en los rincones de la tierra
aunque la vida no sea más que un negro semen arrojado sobre los radares
y el parpadeo la única arma contra las pirámides desesperadas,
y tijereteemos manantiales de los que silban sobre lechos de greda
un día se desprenden de la luz,
al otro dejan el pecado conservándose al fondo de la piedra
seres de largos huesos, propios y ajenos al juramento de tenazas
pueden ver más cerca que todos nosotros,
traen un olor a cavernas tapiadas por planetas malditos,
adviertenle a la noche que hay un solo nimbo que espía al fuego
un amanecer sacapuntas que se lleva a las alas deformes
hacia lugares bruscamente rutilantes.
El poder de mi lengua subyace en el mar
estad en poder de vuestras lenguas y de las ajenas,
puede llegar la tarde con el cometa umbilical
que trama estatuas que se adaptan a tu sangre,
ya el tiempo no pasa, del uno al otro estamos medidos,
por quien llega y pasa a los ancestros flotantes por el ojo de una aguja.
Los unos frente a los otros,
la emanación dando vueltas alrededor del ángel
hasta adquirir el primer encierro del mar
arrestado por contraseñas de plumas que asaltan la fiebre,
un espejo hace callar a la luz
el uno sigue al otro:
y el agua saca de si un ritual horizontal.

Del libro: «Nudos velados»


DESPUÉS DE ESE DÍA

Cambiaron la ubicación de las cosas
sabían demasiado de una música de tierra para el viaje enemigo.
El aura del mar levantándose, dejando atrás nuestros terribles ejes
nuestra forma de mirarnos a los ojos, de mirar a las piedras.
Sabían demasiado bien como unirse, por eso recibieron el revés de las cosas
y se empezó gota por gota, nombre por nombre
mientras el mito se deshojaba a nuestros pies.
Sabían demasiado bien
y no esperaron retratar a sus muertos
les bastó que el revés del mundo se levantara contra los árboles y las aguas
contra las cosas y las vidas,
contra cualquier herida que no tuviese un arrojo de estrella.
Lo sabían demasiado bien apareando a las sílfides contaminadas,
saldando algo con ellas
poniendo plumas quemadas dentro de las almohadas, reanudando las capturas
para que así llegaran y se ubicaran gota por gota, nombre por nombre
como antes cuando las cosas no limitaban con los hombres
sino que el tiempo limitaba con la piedra, limitaba con la luz
y piedra y sangre por igual buscaban legitimar el rayo
mientras la belleza ahuecaba los mares,
y al final dios estaba esperándonos con un ramo de accidentes en las manos.


HAN VUELTO


A Heriberto Rocuant

Han vuelto y sin ningún que disfrace a la sangre
sin el mineral exorcizado,
la lluvia los filma cuando entran a la casa sostenida por entrañas,
la lluvia los va filmando cuando entran el zodiaco negro y las nutrias.

Tendrán su entierro en mi palabra,
su cuchillo incestuoso,
su carta escondida.
La casa sostenida por entrañas ya ha sido habitada
es cosa de pasar muy de cerca y ver
como juegan al domino apostando pájaros prehistóricos y lágrimas de sangre.

Tendrán que desmantelar los mandamientos de las olas
si no quieren quedar prendidos como minerales en la atormentada exactitud
tendrán una sombra equivalente a un tiempo muerto
tendrán que tener un tiempo muerto equivalente
a convocar a todos los túneles en una sola boca.

¿Para qué tener días desfondados?
¿Para qué esperar que se haga el azul asistencial?

El mediador del espacio lo sabe
y cae sobre el mar
y no tarda en tener coartadas
para con los lutos
para con las heredades no consumidas, para con las secuelas que bailan en los oídos del agua.

Ojalá el mediador del espacio caiga también
sobre la casa sostenida por entrañas
y a pesar de tanto rayo y cáscara
que nos cifran y cifran y cifran
reconozcamos en un mismo punto ávido
a quienes se van,
y a quienes vuelven,
sólo con la adherencia esperada
y el cielo necesario.


FEBRERO

Estallan los vidrios de la casa
y el techo se cubre de palomas.

Después: solo pálidos poderes.

Del libro: «Ventanas Quebradas»


PRIMER ANUNCIO

Nos descarna la noche y se nos pegan todos los vuelos
las manos han quedado abiertas
para demostrar que los vientos han errado.
Oyes esa harapienta vibración, si es la nuestra y es mejor ignorarla
somos borrosos para los dioses tanto como ellos lo son para nosotros
vamos vestidos con agujas quemadas, agotamos el primer ojo.
¿Para qué guardar memoria?
sí solo hay vientos y agua operando en el brote de los seres inviolables,
las memorias alzaron la luz como límite primitivo
habrá veces en que nos echen fuego o niebla encima
para distinguirnos,
de eso que hubo entre el cielo y la copa del derrumbe.
Nadie ha descubierto nuestra cofradía,
porque hablamos un idioma en clave
entre la bruma accidentada y los lechos mancos,
llevamos atada a la espalda la quimera investida de cera.
Esta mañana se levantó el polvo,
atisbó esa continuidad que se asoma al día
un tiempo accesible del que se sale con pies de silbidos hacía las casas
para entrar y salir de ellas, golpear las puertas mientras abren
y no es nadie,
mientras vuelven a golpear y de nuevo abren y de nuevo no es nadie
pero alguien hace cálculos, sumas y restas con esos golpes y comprueba
que el mensajero fue cubierto
por constelaciones marinas y anillos venenosos
y llama a las líneas a advertir
que las manos del cielo se basan en las retenciones.
Él con nosotros hace una sola cadena que hacemos
con los ángeles que crecen hacia abajo en retribución a la madera,
con las animas genitales que marcan con oxido de zinc sus territorios en los muros de las cavernas,
ahora son distintos los umbrales,
como el agua que se desengaña
un renegado magnetismo nos enmascara,
bañando las armas en el leproso centelleo
el espacio que ocupamos dentro de la noche se vuelve niebla
niebla que codicia la fragmentación del cuerpo.
Es mejor ignorar que nuestras raíces
se abandonaron a cielos equivocados
que al nacer interrumpimos a esas serpientes
que son las herramientas de la tempestad.
Es mejor no guardar memoria, todos vivieron bajo una lámpara culpable
lo sumergible del mar primero fue hecho en el cielo
miramos hacia atrás y vemos al fulgor derribar una hilera de días.
Es otra la mirada como la del hombre que se mira fijamente en la mujer
y descubre que ha convivido con el relámpago
que encamina a la sangre hacia un camino invisible
con la clave que castiga las piedras, para que la luz se quede a solas con la muerte,
descubre que ha agitado pájaros y espejos para que el infierno envejezca,
descubre que ha dejado cubierto de brisas el árbol sexual que revela a la muerte,
descubre que dos temblores se quedaron para siempre frente a frente.


ONCEAVO ANUNCIO

Aunque me tengas dentro,
rebrotaré abrazado a monstruos de azúcar,
abrazado a pinzas, ante el sepulturero incandescente,
haré de la evaporación mi propia bandera,
estaré contigo, ah copa elegida,
donde las aguas imaginaron la caída elemental.
Me tendrás dentro,
porque tú me has dicho que las lenguas
vienen de un planeta estrujado
hasta que se topan con la ceguera volcánica
y con la altivez de los puentes.
Pasan rasantes los pelícanos con medias en las cabezas
llevan un museo de dientes que dejan en el agua experimental.
Hay quienes pasan cambiándose de casa,
como nardos que proclaman sistemas triturados.
Ahora que conozco tu sangre,
¿Qué señal infinita puedo hacer ante los pájaros?
inmóvil en la sangre se ve el final de cada sueño,
esa misma suerte corres si estás conmigo por las noches
ese mismo destrozo si estamos juntos
como dos tortugas en sus lechos de gas
aunque yo sea una llave tortuosa que al privarla de aleaciones
te hace que recibas a todos
los que se disolvieron el esqueleto dentro del cuerpo
y luego danzaron porque el mar se caía del planeta.
Yo hablaba con los hombres como un lagarto consultado,
les decía que el verano se ha vuelto testamentario,
les decía que las cenizas nos vigilaban,
cuando la extrañeza del espacio jugaba en nuestras manos.
Rápida se ve pasar la sangre,
con su desfile de frutos insospechables,
tocando a fondo la fábula.
Aunque me tengas dentro,
eso se ve como presagio que se ajustó
eso se esparce rápidamente en la luz,
giran los discos, ponemos encima de ellos
a uno de esos pelícanos que andan con medias en las cabezas
giran sobre los discos,
giran desenfrenadamente, incorporándose a la danza,
olvidan que sus nidos están llenos de alicates.
Aunque me tengas dentro, igual se ven los huecos de la tierra
abundan las coronas, abunda el placer de las sombras,
abunda las centellas con raíces de ánimas
que tengo en la punta del cuchillo o del ancla.
Raspo la muerte con la embriaguez de los astros,
con el llanto de los bosques,
llego hasta el fondo del agua en una cacería abstracta.
El sepulturero incandescente estudia el paso de las nubes,
sobre todo cuando impiden el habla.
Yo hablaba con los ancianos como un nardo votivo,
ponía más discos en el tocadiscos
les decía que tanto había andado la frontera
entre la tempestad y la sustancia
que ella se ha vuelto mi única visión,
ella también se ha vuelto un beso de piedra, una tumba verbal
para que quien empieza a ser a partir de su sangre,
parte de esa verdad que la noche acerca a los cielos,
para quien empieza a partir de sus clavículas,
parte de ese abrazo al que se le pegan pozos y playas,
para quien empieza a ser a partir de sus heridas,
parte de su propia profecía en el centro de la madrugada,
para quien empieza a ser partir de su rebrota miento
parte del fruto insospechable.
Me tendrás dentro pero yo preguntaré
¿Qué otra cosa sabe hacer el mar con los signos,
con los mecanismos invisibles que nos preparan
cuando tenemos que llegar ante el huésped de ceniza?
¿Qué sería de las lenguas si el mar hilara nuestro nacimiento?
más las lenguas, lo saben, eternamente lo sabrán,
es que ellas han sido tan testigos de rituales sumergidos,
de una fuga de anillos en la fiebre,
que casi parecen una sospecha de pastor,
una amarra de rayos para no caer juntos a las palabras,
una sed descalza para el amor.
Más cuando el ángel traspasa al hombre,
eso es una pregunta para el agua
nostalgia de orillas tiene el día como todos los agonizantes.
¡Llegará alguna vez alguna chispa a redimirnos!
como si las piedras debieran enfrentar a un mundo caído
y de hecho lo hacen
como si los metales comulgaran con la tempestad
y de hecho lo hacen.
Los inventarios están llenos de huesos violentos:
de animales accidentales que trabajan en el fuego,
de alicates y pinzas que quedaron de la cacería abstracta,
de espinas que instrumentalizan los espectros.
Yo hablaba con las mujeres como un huésped de ceniza
veía como se sacaban las medias
y era la embriaguez de los astros,
veía como se sacaban las medias
y era el llanto de los bosques,
un beso de piedra dábamos al mundo caído.
Aunque me tengas dentro
el infierno parasita en la nupcialmente fosfórica
un disco rayado se repite desenfrenadamente,
pelicanos andan con medias en las cabezas
la vida es un sistema triturado.
Yo hablaba con los muertos como una chispa redentora
les decía que muchas veces
llegaba hasta el final del parque,
donde un trueno infestado paralizó la niñez
ahí estabas tú, como siempre esperándome,
jactándote de que el ojo castrado
fuera en un carro tirado por cinturones y demonios submarinos
todos rasgaban sus vestiduras porque el mar está lejos.
Yo hablaba con los niños como un monstruo de azúcar
les decía que tú al no verme llegar lanzaste el cofre al aire,
mientras se abría y salían las arañas celestes
que con voces de niños te repetían:
«Aunque demuelan la casa, no podrán construir otra encima,
se encontrarán con una superficie indestructible,
hecha con ese metal que comulgo con la tempestad y de hecho lo hizo».
Tú me tendrías dentro
aunque las lamas quedarán a medio abrir
como los bosques y los mares,
tú eres el bosque que solo se abre para mis signos.
Yo hablaba conmigo mismo y con los vivos
como sepulturero incandescente
que estudiaba el paso de las nubes
sobre todo cuando cubren nuestra casa.


DIECINUEVEAVO ANUNCIO

Pido permiso a los relámpagos para hacer el tajo
para que algo venga
desde las profundidades saciadas
solo a cerrarme los ojos,
llagado sea el descubrimiento
desde la sombra al cuerpo.
Pido permiso a la costura esencial
para ver como el cielo es acariciado por la muerte
después voy a electrizar a esas arañas
que andan con traje de monjas
para que los sistemas espectrales las ostenten.
Pido permiso a la raíz inalcanzable
para ver cómo se equivoca la noche
después voy a glorificar ojos de lobos dentro de las alcancías,
total el verano puede calcarlos cuando se repliega
ante los volcanes amputados,
ante este territorio de las víctimas,
que todos van cruzando por las noches
llevando en las espaldas una puerta cubierta de espinas
no sabemos qué clase de castigo es
que ardores saqueados los hacen hacer esto
pero nos consta que se hacen acompañar
por hermanos que no ven nunca,
toman el camino más polvoriento
van con el conducto más escabroso
pasan por piscinas pintadas de negro,
cubiertas de búhos y caracoles
allí pernoctan por si llega el día
o arrojan a quien no quiera o deba seguir
pero para cruzar aquel territorio de las victimas
debían saber de ciertas advertencias
debían saber que en cualquier momento se les diría:
«Ni un paso más, ni la menor tentativa,
antes que los sistemas espectrales partan
desde esas arañas que andan con traje de monjas
después medid el empuje,
después medid el tajo,
si queréis con remos o con astrologías quemadas»
total un gran hueco quedara
en este territorio de las victimas
hueco suficientemente grande como para
que descanse el descubrimiento llagado
poned encima esa puerta cubierta de espinas,
entrad, entrad, entrad,
y que el último en cerrar la puerta
sea el que pueda ver
cómo es común todo rayo y común toda orilla,
y que el primero en abrir la puerta
sea el que pida permiso a esos ojos de lobos
para que la tierra gire
alrededor del descubrimiento llagado.

Del libro: «Anuncio»


TREINTACINCOAVO ANUNCIO

En memoria de Mireya Villagrán Torres
Epígrafe de Federico Tatter.

Tus ojos y tus manos van cerrándose
como un augurio de bosque,
una mañana o una noche,
vemos a los transparentes
a tus pies van dejando columnas,
van dejando la mitad de una máscara.
A esta reunión hemos venido,
nos dicen los resplandores perseguidos
y aún no lo creemos,
no sopesamos qué madurez le debemos a la sombra.
Deja tus enredaderas avergonzadas sobre mí frente
a medianoche encegueces las agujas
caminas hacia alguien hecho de alturas y vacíos
que se ríe de nosotros cuando perdemos
luces que solo ven los pájaros.
Bajas hasta el bosque, cantas hasta que atardece
hasta que las nubes recrean el espanto de la carne.
Una mañana los vimos pasar, dejaron columnas
y los muñecos derramados en mitad de los animales
bendecían la neblina.
Antes de que cierres las manos,
afírmame en medio de toda esa blancura,
en reconocimiento a eso
enterraremos las arpas en tu vientre,
nos volveremos a ver en el resplandor de un cuchillo,
tu corazón destapará el mar.
Afírmame como esa sombra que el fuego rechaza,
no permitas que el sol se derrame en monedas
que ninguna fuente acogería
afírmame como ese trueno
que has enviciado con encadenamientos
engrósame con magias divorciadas
como esa gota que cae de las cerraduras
sube por esas cuerdas que seducen a la lluvia
el torbellino te dio su aceite aborigen,
eres su favorecida, yo no lo soy
y el día se me va en colgarles péndulos
a quienes tienen solo una ceja
o a veces se me va la noche
haciendo nevar dentro de los transparentes
después de tantos rencores de espuma y de fuego
que han pasado de generación en generación
hasta el fondo del valle,
sin sopesar que madurez le debemos a la sombra
que casa arrancaríamos de raíz.
De nosotros, se sospechaba
que andábamos con un cadáver de mono en los hombros
leyéndoles tratados a los ebrios y a los perdidos,
en las trastiendas de los mercados.
No vayas a cerrar los ojos,
hay luces que solo ven los pájaros
a veces esas adherencias que guardas en el cielo
abren bosques en la tierra,
abren charcos morados en las calles.
Ahora vas a estar en posesión de tu sangre,
y bajo de ti nos podremos,
una y otra vez afirmados en esas columnas
fuegos y luces se han revuelto
rápidamente, violentamente, debajo de los parpados
para después salir a buscar el único árbol
al que llegan a morir los pájaros,
el único árbol que no fue arrasado
por esos rencores de espuma y de fuego
que vinieron sé un día sobre aquestos valles,
una y otra vez, una y otra vez
hasta que nos identifiques con cualquier nube
arrastres tu alma sobre el mar,
camines hacia alguien hecho de alturas y vacíos
que se ríe de nosotros cuando perdemos,
por él la noche se te va en carbones penitenciales,
por él el atardecer se te va en mostrarle
el único árbol al que llegan a morir los pájaros,
aquí cubiertos de cables,
vamos en medio de charcos morados
debajo de los parpados se mezclan
violentamente luces y fuegos,
como esas trasfusiones que ocultas con un espantapájaros.
Levanta la voz, en medio de la reunión
levántala cuando alguien que tiene una sola ceja
te lleve a una casa perdida en la ciudad
a buscar camas, tableros y platos
cuando abras al azar cualquiera de las puertas de esa casa
y se te vengan encima
esos muñecos derramados en mitad de los animales
que siguen bendiciendo la neblina
y te aplasten, y todo se vuelva rosado.
Dime que se calcula nuestra llegada, dime que lo sabes,
que lo lograste escuchar sin que se dieran cuenta
después de la noche arrojaras tus cadenas,
golpearemos con vino este hado
veremos esas luces que solo ven los pájaros,
dime que has desmagnetizado el viento
y nos insta a entretejernos.
Quienes obedecen llegan más temprano
más temprano al haber sido hechos con la ausencia de la sangre,
quienes no obedecen siguen
en ese rencor de espuma y de fuego
que pasa de generación en generación
sin que nadie llegue otra vez al fondo de los valles,
de allí data esa espera en el filo del rayo,
de ahí de los dioses se olvidaron de la noche,
y por siempre fue día y las aletas no sirvieron,
y las torres no pudieron dar sombra a los pájaros atormentados
y la vida y la muerte subieron por el mismo árbol,
y en la cima del árbol se congregaron entrañas invisibles
como si hablara sola una boca hundida en una fuente
y dijera que tus cabellos se cubrieron de naufragios
antes de que nos dijeras de esa vez
en que los ángeles pasaron por los metales,
se alzaba el crepúsculo como un madero dorado
arrastrábamos nuestras almas sobre el mar,
golpeábamos con vino este hado
y esa boca hundida en la fuente
sigue hablando sola diciendo
que tus pechos a veces eran veloces como un umbral
o a veces eran lentos como el opio
que se eleva desde un cementerio abandonado.
No vayas a cerrar las manos,
vienen augurios de bosque,
vienen galopes preparados por la niebla,
vienen adivinas que se sacan los zapatos,
antes de entrar a tu orbita.
el alba lleva tu signo hacia todas las revelaciones
al fondo del mar.
Una noche los vimos pasar,
dejaron la mitad de una máscara
y el mar era carcomido por maldiciones sexuales.
Una mañana o una noche
alguien con columnas y la mitad de una máscara
calculaba nuestra llegada a la lámpara o a la larva.
terminaba todos los tratados,
más rápido fuegos y luces
se mezclan rápidamente, violentamente, debajo de los parpados.
Anoche besaste los metales,
como un juego más a la sombra de ti misma
anoche los ángeles se reían de los metales,
a esto hemos venido,
nos repiten los resplandores perseguidos,
tú cerrabas los ojos y las manos
y solo los transparentes traían la restitución.


Poeta, Rodrigo Verdugo Pizarro.
Fotografía Portada detalle oleo sobre tela:
«La Vocación de San Mateo» 1599. Caravaggio.
Chiesa San Luigi . Roma.































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