NOS SUMERGIMOS HOY EN ESTE RELATO GENIAL DEL ESCRITOR THEODORO ELSSACA

Presentamos el cuento «Por una coma», del poeta, y ensayista Theodoro Elssaca, en forma breve y ágil desarrolla un núcleo central alrededor del cual gira la historia. Así mismo cumple rigurosamente con dos características fundamentales de todo buen cuento; que la descripción sea parte del argumento y que el dialogo este regido por la trama del acontecimiento. Nuevamente Letras 25 les invita a leer a Theodoro Elssaca  y su cuento » POR UNA COMA»

Rodrigo Verdugo P
Director Letras 25

POR UNA COMA

Sentado frente a la chimenea de la casa de campo de tìa Guacolda, en las afueras de Temuco, esperaba al resto de la familia para la reuniòn que acostumbràbamos compartir en las tardes.
Ella, severa maestra de escuela, en su juventud habìa conocida a Gabriela Mistral, «la maestra de Amèrica».
Como asumida solterona, tìa Guacolda se caracterizaba por ser minuciosa y estricta, como sargento de caballerìa. De manera constante nos corregìa las tareas, la forma de hablar y de sentarnos a la mesa.
En esa ocasiòn mi prima Julieta leyò la crònica policial del diario, para quienes permanecìamos en la sala:
«Fue ejecutado por error el presunto homicida de las hermanas Catrileo, de Nueva Imperial. El juez habìa enviado un telegrama a la Cortes Suprema para fallar en el caso, acerca de ejecutar al presunto homicida, en el que preguntaba:»¿Dicto pena de muerte?».
La respuesta recibida fue: «No tenga clemencia«.
Tia Guacolda dio un brinco en el sofà donde soñaba con el amor. Y exclamo:
– ¿Por què ejecutarlo fue un error, si tù dices que la Corte Suprema ordenò no tener clemencia con ese chacal? Pàsame el diario.
Y continuò leyendo: » El telegrafista està detenido por omitir una coma. Pues debiò haber escrito: «No, tenga clemencia».


Escritor: Theodoro Elssaca.

PER UNA VIRGOLA.

Seduto di fronte al camino della casa di campagna di zia Guacolda allá periferia di Temuco, aspettando il resto della familia per la riunionr che eravamo soliti condividere tutte le sere.
Lei, severa maestra di Scuola, nella sua gioventù aveva conosciuto a Gabriela Mistral, “la maestra dell’America”.
Come assunta zitella, zia Guacolda caratterizzata dall’essere meticolosa e rigorosa, come sergente di cavalleria. Di maniera constante correggeva i compiti, il modo di parlare e di sederci al tavolo.
In quell’occasione mia cugina Giulietta lesse la cronaca poliziesca del giornale, per i quali restammo in aula:
«Per errore è stato giustiziato il presunto omicida delle sorelle Catrileo, di Nueva Imperial.Il giudice aveva inviato un telegramma alla Corte Suprema per decidere sul caso, sull’ esecuzione del presunto omicida, nel quale chiedeva: » Ho emesso la pena di morte?».
La risposta ricevuta è stata: » Non avere pietà»
Zia Guacolda ha fatto scatto sul divano dove sognava l’amore. E ha esclamato:
– Perchè giustiziarlo è stato un errore, se dici che la Corte Suprema ha ordinato di non avere pietà per quello sciacallo? Dammi il giornale.
E prosegui a leggere: » Il telegrafista è in arrestato per omissione di una virgola. Doveva aver scritto: » Non, avere pietà».


Escritor: Theodoro Elssaca.

Creaciòn; Escritor Theodoro Elssaca.
Fotografìa : Archivo Revista.
Traduccion, Editorial. Letras 25.

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