LÚCIDO Y TRANSPARENTE ENSAYO DE ANTONIO DAGANZO PARA GUIARNOS EN LA POESÍA Y NOBLEZA DEL GRAN SERGIO MACÍAS 

Hoy presentamos este conciso, ilustrativo y retrospectivo análisis sobre la obra de Sergio Macías, uno de los más grandes poetas chilenos vivos en la actualidad, realizado por el poeta español Antonio Daganzo, quien a partir de uno de los motivos centrales en su obra: El exilio y en base a un alto criterio de selección de textos, fragmentos de juicios críticos, y aspectos biográficos nos entrega esta notable semblanza que reafirma el destacado lugar que ocupa Sergio Macías en el mapa de la poesía hispanoamericana de hoy.
Letras 25 les invita entonces a leer este texto crítico del poeta, ensayista y escritor español Antonio Daganzo , sin duda será un gran aporte para redescubrir a este gran poeta chileno SERGIO MACÍAS, cuya obra ya es patrimonio de la literatura chilena e hispanoamericana.      

RODRIGO VERDUGO PIZARRO
DIRECTOR LETRAS 25

SERGIO MACÍAS Y LA CREACIÓN POÉTICA:

CHILENIDAD Y EXILIO;

HISPANIDAD Y AL-ANDALUS

         A Sergio Macías Brevis (Gorbea, Región de la Araucanía, Chile, 1938) le debemos uno de los poemas más conmovedores que se hayan compuesto jamás en torno a la idea y la realidad misma del exilio, tan sumamente difícil. Apareció en 1985; “La silla” es su título sorprendente, y, tras hacer un breve repaso en clave geográfica y biográfica –México, la costa báltica, Granada, El Escorial- por algunas de las sillas de mayor significación a lo largo de la historia, acierta a proponer un desenlace memorable: “Pero ninguna es más cómoda que mi modesta silla / que gime con su mimbre de recuerdos / sola / en el inmenso territorio de mi exilio”. Cuatro versos que hubieran bastado para convertir a su autor en lo que sin duda es: una voz imprescindible para la comprensión de la presencia y huella de Iberoamérica en el panorama poético de la España contemporánea.

Porque Sergio Macías, tras tener que alejarse de su Chile natal a causa del golpe de Estado que derribó el gobierno democrático de Salvador Allende, y después de residir en México y Alemania –donde se especializó en literatura latinoamericana y trabajó como profesor, en el Instituto de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Rostock-, hizo de España su país de adopción desde el año 1979. Aquí ha venido desarrollando una modélica, insuperable labor gestora en el ámbito de la cultura, basada en una sistemática cristalización de sinergias entre España y Chile, y cuyo centro neurálgico y agente catalizador, por espacio de aproximadamente dos décadas, fue la Embajada chilena en nuestro país. Y aquí, por supuesto, ha venido edificando un corpus creativo que abarca el ensayo –El Madrid de Pablo Neruda (2004) y Gabriela Mistral o Retrato de una peregrina (2005) son ya volúmenes indispensables-, los estudios y monografías, las antologías, también la narrativa y, cómo no, la poesía, con más de veinte títulos en su haber desde aquel inaugural Las manos del leñador, que Ediciones Tebaida dio a conocer en Chile en 1969. Memoria del Exilio (1985), El manuscrito de los sueños (1994, con reediciones en el año 2008), El Paraíso Oculto (2000), los magníficos Cantos para Altazor (2012) o El viajero inhóspito (2014) constituyen otros hitos en la producción de Macías, a los que cabría añadir, por su singularidad en el contexto de toda esta creación, los sorprendentes Haikus de la transparencia (2017), merecedores del IX Premio Internacional de Poesía “Gastón Baquero”. 2017 fue también el año de la mirada retrospectiva gracias a Poesía reunida de un soñador del sur (1969-2016), volumen cuya longitud rebasó con creces las 500 páginas, y cuyo encomiable esfuerzo recopilatorio permitió poner al alcance de muchos lectores, fácilmente, toda una obra lírica que, con anterioridad, había conocido una edición sumamente dispersa desde el punto de vista geográfico. Se diría que de aquel impulso exitoso de hace cinco años ha podido nacer el poemario doble España y Diván Árabe (Madrid, 2022; prólogo a España de Gunther Castanedo Pfeiffer; epílogo a Diván Árabe de María Olga Samamé Barrera): un ansia de sostenida totalidad parece concebirlo, y no sólo en lo que respecta a su ambición formal sino también al corazón de su gama temática.

            El profesor universitario y escritor peruano-español Alfredo Pérez Alencart describió con acierto a Sergio Macías cuando acertó a definirlo sirviéndose del doble rótulo de “poeta peregrino” y “poeta esencial”. Y Alencart no dejó de añadir: “Lo suyo es sed abisal y transparencia del corazón. Pero especialmente es en la pleamar del exilio, en esa dolorida soledad primera, cuando su obra alza vuelo trascendente”. “El que vive mucho tiempo fuera de su país / tiene una conciencia desolada”, escribe Sergio Macías al poco de comenzar su nuevo libro, y, en este orden de cosas, el muy amplio canto titulado España representaría una “oda” al país de adopción –“Estoy en la España / que recuperó la libertad del aire”-, con el concurso de algunos “elementos épicos” –según señala el prologuista Gunther Castanedo Pfeiffer- que fehacientemente otorgan al texto una respiración flexible tanto en lo geográfico como en lo histórico, sin perder nunca la noción de biografía, de palpitante autobiografía en realidad, como brújula en el devenir lírico. Valga este ejemplo inmejorable para probar lo dicho, con la célebre epopeya La Araucana, de Alonso de Ercilla, al fondo: “En Bermeo, en medio del aroma a mar, / camino por la casa de los Ercilla, / de ese Alonso que nació en Madrid / y dejó sus versos en la Araucanía, / donde Lydia Brevis impartía clases / con su denodada y venerable vocación / a los humildes niños enrojecidos / de pisar las escarchas (…)”. De esta manera, el vívido retrato de nuestro país –“Esta es la España / (…) donde los racimos de uvas / son atravesados por ardientes lanzas de luz”-, junto con los emocionados recuerdos a Federico García Lorca o Miguel Hernández, pueden convivir con las manifestaciones de encendida morriña –“Venid, aires de mi patria, / traedme el aroma del mar, / la fría caricia cordillerana, / el fuego de las rosas de arena (…) / Aplacad mi nostalgia de guitarra rota”- y con los recovecos de una raigambre donde la figura paterna y su ascendencia ocupan lugar destacado –“Su genealogía proviene de un marino gallego / que se ocultó en un islote por amor a una chilota, / hasta que partió la nave dándole por desaparecido. / Ahora las cruces de los Macías / pueblan el cementerio de Rauco”-. España, que no teme “entrar en el vientre del sol / para atrapar la flor del tiempo”, encarnaría, sobre todo, “la pasión del verbo”, y tal es el epígrafe, enormemente significativo, bajo el cual fluyen los 1.123 versos de este canto tan vertiginoso como undoso; de esta fluida y embriagadora composición dedicada a la memoria de Rafael Alberti.

            Acto seguido, setenta y cuatro poemas integran Diván Árabe, el segundo bloque de este generoso volumen. Aquí, los influjos chilenos –siempre tan bien asimilados- de Pablo Neruda, Vicente Huidobro o Gabriela Mistral, y las fraternidades con otros poetas del sur del mundo como Juvencio Valle o Jorge Teillier, pasan quizá a segundo plano, en virtud de las recreaciones que Sergio Macías lleva a efecto en torno a la tradición lírica arábigo-andaluza. Las letras del mundo árabe constituyen una de las principales pasiones de Macías como investigador -recordemos su difundido ensayo Influencia árabe en las letras iberoamericanas, publicado por la Universidad Internacional de Andalucía en 2009-, y ello ha tenido su reflejo en el ámbito de la producción poética. El manuscrito de los sueños, obra citada ya líneas arriba, representaría, en este sentido, un maravilloso precedente de Diván Árabe, donde a la figura del rey de Sevilla Al Mu’tamid –siglo XI- se suman otros dos poetas importantísimos de Al-Andalus, signados también por la marca del exilio: Ziryab e Ibn Zaydún. Así, y en palabras de María Olga Samamé Barrera, autora del epílogo del poemario, Macías va dando forma a “un sentimiento de solidaridad colectiva” y a “una necesidad de reconstrucción identitaria”, al reescribir “el pathos del exilio” de estos escritores, “y que no es otra cosa que la extensión lírica de su desconsuelo y aflicción”.

A propósito de El manuscrito de los sueños, en su día señalé cómo el autor había sabido impregnarse “de toda la luz y el matizado colorido propios de la poesía arábigo-andaluza”, y cómo había coadyuvado a ello su “acostumbrada minuciosidad léxica y metafórica”. Otro tanto sucede en Diván Árabe, sólo que aquí la huella de la historia, incluso de la más reciente –la que tiene por macabro hito la invasión y guerra de Irak-, goza de un inevitable protagonismo: “Los laúdes extendían / sus maravillosos sonidos milenarios, / y el libro sagrado abría sus hojas / con las lágrimas de las viudas”. A lo largo de unas páginas que reivindican, con acierto, lo mejor de toda esta cultura –“Los tratados sobre medicina, los aromas, / los ungüentos, la astronomía, la magia, / los aceites y regadíos sorprendieron a Occidente”-, no faltan instantes de conmovedora conexión entre las culturas hispánica y árabe con la originaria de Chile –atención al poema titulado “El viajero”-. Y, en fin, la analogía entre el desierto y la condición humana –“(…) sigo en un poderoso silencio, / sin más destino que un mar de arena / que se escurre entre mis dedos”- no enturbia la sensualidad dominante. Es más, se diría que, gracias a su trascendencia, estimula la conversión de un bello poema amoroso como “Magia” en una suerte de nudo gordiano donde late también la realidad del exilio, el recuerdo de Chile, la existencia construida en España, y el pasado español ligado a la cultura árabe: “(…) el amor es todo lo que te puedo dar / en esta tierra dura y encantada / que fue admirada como Mayrit, / y que ahora, amada, nos ofrece / una existencia de paz lejos de los canelos / y alerces de nuestro sur”.

ANTONIO DANGANZO
ESCRITOR , POETA, ENSAYISTA


MEMORIA

Cuando la memoria toma el color de las piedras,
de las sedas del aire que ondulan en el cielo,
de las espigas que se mecen como filamento de sol,
de los árboles que se mecen con el viento,
de los rios y pájaros que se pierden bajo la aurora
de la primavera que florece en los cerezos,
de los crepúsculos que tiñen el polen de las amapolas.
De los caminos con sonidos que vibran en los caños de las flores,
del aroma que llevaba el contenido de las semillas,
de la hora en que la luna teje un manto de plata inabarcable,
de las estrellas que brillan como racimos de uvas,
de un amanecer de luz que inunda las montañas coronadas de nieve
Somos como aquel hombre que encontró el ciego Homero,
contando la historia a través de cuentos silvestres.

MEMORIA

Quando la memoria prende il colore delle pietre,
delle sete dell’aria che ondeggiano nel ciel
delle spighe che dondolano come il filamento del sole,
di alberi dondolandono al vento,
dei fiumi e degli ucceli che sono persi sotto l’alba
della primavera che fiorisce nei ciliegi,
dei tramonti che tingono i pollini dei papaveri,
delle strade con suoni che vibrano nei beccucci dei fiori
dell’aroma che portava il contenuto dei sementi,
dell’ora in cui la luna tesse un insondabile mantello d’argento,
delle stelle che brillano come grappoli d’uve,
di un’alba di luce che inonda le montagne coronate di neve.
Siamo come quel unomo che trovò il cieco Homero
raccontando le storie attraverso di selvaggi storielle.


EL ARTISTA Y EL TELA

Sergio Macias junto al Océano Pacífico

Frente a la tela del tiempo
la paleta surcada
por los colores del espacio.
La mano poseída por la luz
y las sombras del instante.
El vacio donde se despeña el día.
Las mariposas del silencio.
Y los espasmos de la angustia
ante la primera paletada.

L’ARTISTA E IL TESSUTO.

Sergio Macias vicino nel Pacifico

Davanti al tessuto del tempo,
la tavolozza solcata
dai colori dello spazio.
La mano posseduta dalla luce
e le ombre dell’istante.
Il vuoto dove disperde il giorno,
le farfalle del silenzio.
E gli spasmi dell’angoscia
prima al primo tocco della tavolozza.


POETA
SERGIO MACÍAS.

LETRAS 25, AGRADECE AL POETA SERGIO MACÍAS POR SU PERMANENTE APORTE EN LA DIFUSIÓN DE LOS CREADORES Y POETAS DISPERSOS POR EL MUNDO DEL EXILIO INTERIOR Y LOS LÍMITES CREADOS POR EL HOMBRE PARA NUNCA CALLAR SUS VOCES.

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