CLARA MIRADA DE LA POESIA SELECTA EN LAS MUJERES IBEROAMERICANAS EN LA VOZ DE INGRID ODGERS

Los sonidos de las baquetas de esta escritora, poeta, editora, resuenan en su sabiduría y conocimiento de cada nota, cada canción embelesada de sus pares.

Las mujeres escritoras de este continente, cantadas en mujeres pobres, mestizas, adolescentes, vagabundas. Retratadas por poetas, editoras, redactoras y correctoras. Así nos entrega Ingrid Odgers estas piezas musicales, sonidos femeninos que al igual que ella viven y sirven en la melodía de las letras, en forma seria y diáfana creando y dando forma a la estación musical del ritmo en el pulso de la mujer. 

Excelente partitura hablada en la seriedad y profesionalismo de esta autora.

Susanna Pallavicini
Editora Letras 25.

MUJERES POETAS SELECTAS EN EL PANORAMA IBEROAMERICANO

Siglo XXI

Entrar en la literatura de Iberoamérica es encomienda complicada. Los arquetipos literarios casi son una fortaleza a prueba de principiantes teniendo a los ojos y en la memoria a estos iconos de Méjico o Chile o Argentina. En Chile, Gabriela Mistral y Pablo Neruda han sido dos grandes fortalezas que no cualquiera alcanza, ellos siguen vigentes, sobre todo en el gusto de lectores y poetas jóvenes.

En México, el peso de Octavio Paz, Efraín Huerta, Jaime Sabines, Eduardo Lizalde y José Emilio Pacheco en la poesía de los años ochenta y noventa es fundamental. Los hombres del Alba (1944) de Huerta, Tarumba (1956) de Sabines, Libertad bajo palabra (1960) de Paz, Cada cosa es Babel (1966) de Lizalde y No me preguntes cómo pasa el tiempo (1968) de Pacheco son una especie de piedra fundacional.

La herencia de la poesía argentina es indiscutible. La poética de Olga Orozco, Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Oliverio Girondo, Roberto Juarroz, Saúl Yurkievich, Héctor Viel Termperley y Jorge Boccanera es determinante para las voces de hoy.

La experiencia del dolor le viene a esta maravillosa y gran poeta, Chantal Maillard de antiguo, los constantes cambios de internado en Bélgica y después la adaptación a España, donde se trasladó con su familia en pleno franquismo, la convirtieron en una niña desubicada y silenciosa, declara. Nació con el don de la escritura, en la palabra encontró refugio y, a los 14 años, ya había escrito dos novelas y más de cien poemas. Y así hasta hoy. Poeta, filósofa y gran conocedora del pensamiento y estética orientales.

Astrid Fugellie Gezan, una de las voces más trascendentes de la poesía chilena escrita por mujeres y perteneciente a la generación de 1972. El libro Los Círculos, entre muchos otros, la convierten en la exponente más relevante de la lírica chilena de origen croata. Con una fuerte preocupación por lo étnico, por la tragedia de los pueblos indígenas de Magallanes y de Chile entero, su obra se alza como un grito desgarrado donde la poeta asume el dolor colectivo para dolerse descarnadamente por su tierra herida, conforme a lo expresado por el académico y poeta Andrés Morales.

Carolina Dávila, tiene entre sus obras el libro Como las catedrales, que tiene como ámbito central la mujer y el derecho penal en diferentes épocas y situaciones. Su primera parte pone de relieve cómo el derecho ha convertido la fisiología y los atributos femeninos en objetos de atención y motivo de discriminación por parte de quienes hacen la norma. En la segunda parte se expone la manera como se han regulado prácticas de magia, brujería, etc., en las que se suele señalar a las mujeres como sus mayores practicantes, con lo que acaban por ser objeto de persecución y represión. Su última parte se centra en un tema de atención reciente: la violencia contra la mujer en el ámbito de la familia patriarcal.

Ana María Rodas, escribió, entre otros, el libro Poemas de la izquierda erótica que desafió los cánones conservadores de la sociedad, y objetó el rol que se daba a la mujer en materias como la sexualidad, el embarazo, el matrimonio o la libertad individual. En su libro El fin de los mitos y los sueños propone, a partir de la poetización de una experiencia amorosa fracasada, una «deconstrucción» de la intimidad del hablante poético, la cual desemboca a su vez en la «construcción» de una nueva identidad femenina. Sin embargo, la puesta en tela de juicio del mundo del hablante poético y sus valores no se debe únicamente a la experiencia íntima; así lo confiesa la autora misma en el prólogo del poemario: Pero no era sólo el fin de una historia de amor lo que hace tres años me daba un aire fantasmal. Muchos se habían ido o estaban a punto de hacerlo. Algunos para siempre; otros dejaron Guatemala y se fueron a ambientes más amables y aptos para la vida. Con estas palabras se comprende que el poemario se gesta como respuesta a una doble «destrucción», a un doble vacío: el de la intimidad amorosa y el ocasionado por la violencia política. Esta última circunstancia es tanto más determinante que justamente el principio de la década de los 80 fue para Centroamérica y Guatemala, en particular, un período de represión extrema.

En María Negroni, encontramos, el gusto por una estética, la gótica, a la que hace destilar eso que permite amalgamar la variedad ingente de piezas que reúne en sus colecciones. El gótico resume para ella el lado B del Iluminismo y sus «geometrías del saber». Es su «costado oscuro», su sombra inseparable. También es una grieta que acecha a toda arquitectura del orden «para impedir la calcificación del sentido y las jerarquías del pensamiento», nos dice en el prólogo de Galería Fantástica. Y para ratificar la fascinación que suele ejercer el gótico con el pasar del tiempo, agrega: «Imposible mantenerse inmune a ese ácido que viene a corroer el edificio racional desde los sótanos más profundos de la psique individual y colectiva, haciendo estallar la significación en direcciones múltiples y ampliando, de ese modo, el mundo» (2015b: 157). Todas sus ciudades terminan siendo góticas: la París del siglo XIX luego reemplazada en las preferencias de los artistas por la Manhattan del siglo XX, la Roma eterna, la Buenos Aires periférica, la Berlín renacida de sus cenizas. Integran un juego de figuritas intercambiables que incluye a los «Palacios de cristal», los «Castillos», los gabinetes, los dioramas, los «Museos». Todo espacio se adjunta en la medida en que materialice la «patria de su imaginación». Y en ese espacio, sus artistas, como entomólogos urbanos, van tras lo que muere para hacerlo vivir de otra manera mediante el artificio.

En María Antonieta Flores observamos que el cuerpo de la poeta siempre es aparte de su alma, –cuerpo poético–, es un ecosistema puro, sus poemas cobran identidad propia, se aproximan hacía ellos mismos.

Sin lugar a duda la escritura de este selecto grupo de poetas está cruzado por el dolor, la lucha, soledad, decepciones y es que no es fácil ser mujer y poeta en una sociedad donde el patriarcado domina, agrede e ignora las híbridas constelaciones que inundan al ser mujer en el campo de las letras.

Por otra parte, la contienda feminista contemporánea que alcanzó su auge a finales de los años sesenta y de los años setenta, (cuando ellas comenzaron a quemar sus brasieres) así como el post-boom latinoamericano de los años ochenta y noventa, hicieron visible la escritura de mujeres y se extendió a través de las editoriales que, aunque fuera por razones monetarias, empezaron a mostrar un mayor número de escritoras para un público “femenino”, manteniendo eso sí, una preeminencia del canon literario masculino. De ahí que los primeros veinte años del presente siglo son cardinales para comprender los alcances de las manifestaciones literarias nacientes, en particular las realizadas por mujeres en esta Latinoamérica tan latigada por el machismo. En comparación con el siglo anterior, en el siglo XXI cada vez más escritoras latinoamericanas se posicionan en los circuitos literarios, con mejor participación (mi experiencia me indica que la relación es de veinte mujeres a ochenta hombres y la ironía es que generalmente estos encuentros son organizados por mujeres), en el mercado editorial y en las ferias literarias con obras que van más allá de la óptica reduccionista masculino/femenino.

En la actualidad, las escritoras tienen más presencia en los medios de comunicación masiva, gracias al internet y a las redes sociales. Que hemos avanzado desde los años sesenta, lo hemos hecho, pero frente a lo que falta por hacer nuestra tarea palidece.

1.-Gioconda Belli (Nicaragua,1948)

Estudió en el Colegio de La Asunción en Managua y en el Real Colegio de Santa Isabel en Madrid, España, donde obtuvo el bachillerato en 1965. Tras obtener un diploma en Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, regresó a Managua. Sus poemas aparecieron por primera vez en 1970 en el semanario cultural del diario La Prensa de ese país. Su poesía, considerada revolucionaria en su manera de abordar el cuerpo y sensualidad femenina, causó gran revuelo. Su libro “Sobre la grama” ganó en 1972, el premio de poesía más prestigioso del país en esos años, el Premio “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.

2.- Astrid Fugellie (Chile, 1949)

Escritora y poeta chilena, nació en Punta Arenas en 1949. Fundadora de la Casa de la Cultura de Punta Arenas, y de la revista Corchete. Más de 50 años dedicados a la literatura, con una obra que integra más de 20 volúmenes de poesía y cuyos contenidos resaltan una profunda mirada de Magallanes y su territorio. Entre otros, Premio de la Academia Chilena de la Lengua, por Los círculos, Concurso literario Rostro de Chile, Diploma de honor en el concurso literario La Prensa Austral.

3.- Carolina Dávila (Colombia, 1982)

Escritora y abogada feminista colombiana. Ha publicado los libros Como las Catedrales (Universidad Nacional de Colombia) e Imágenes (In)completas (Universidad Externado de Colombia, 2018). Coeditora del maravilloso fanzine de poesía de mujeres La trenza (Fanzine dedicado a la poesía de mujeres).

4.- Ana María Rodas (Guatemala, 1937)

Poeta, cuentista y periodista de Guatemala. Su primer trabajo publicado fue Poemas de la Izquierda erótica (1973). Posteriormente publicó “Cuatro esquinas del juego de la muñeca (1975), El fin de los mitos y los sueños (1984) y la Insurrección de Mariana (1993). Ganadora de varios premios nacionales e internacionales.

5.- Montserrat Álvarez (España, 1969)

Ganó el premio el Poeta Joven del Perú 1990 con su poemario “Filosofía ilógica” y su poemario más conocido es Zona Dark. Su poesía se caracteriza, en palabras de A. Corcuera, por “la desfachatez expresiva, los des­plantes, el aplomo en el arranque crítico y reflexivo, el manejo maduro del instrumento poético, la limpieza y la seguridad de su escritura”.

6.- Elena Medel (España, 1985)

Poeta y editora. Entre otros galardones, ha obtenido el XXVI Premio Loewe a la Creación Joven, el Premio Fundación Princesa de Girona 2016 en la categoría de Artes y Letras, el Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2020 y la beca Leonardo para Investigadores y Creadores Culturales 2021 de la Fundación BBVA. Trabaja como editora y dirige el sello de Poesía La Bella Varsovia. Reside en Madrid.

7.- Rosabetty Muñoz (Chile, 1960)

Profesora de castellano de la Universidad Austral de Chile. Destacada poeta y profesora chilota, ha recibido múltiples reconocimientos. Dentro de sus obras destaca, Canto de una oveja del rebaño (1981), En lugar de morir (1987), Hijos (1991), Sombras en El Rosselot (2002), Polvo de huesos (2012) y Misión circula (2020). Su trabajo literario manifiesta el sur de Chile y aborda temáticas de género y relaciones humanas. Ha obtenido varios reconocimientos, entre ellos el Premio Pablo Neruda (2000), el Premio Consejo Nacional del Libro de Chile (2002) y el Premio Altazor (2013).

8.- Elvira Hernández (Chile, 1951)

Elvira Hernández es su seudónimo de María Teresa Adriasola. Se destaca por ser una de las escritoras femeninas más singulares de la poesía contemporánea latinoamericana. Los temas recurrentes en su poesía son el viaje, la ciudad, lo marginal y el desarraigo. El 2018 ganó el Premio Iberoamericano de Poesía de Pablo Neruda y el Premio Nacional de Poesía Jorge Teillier, además fue finalista del Premio Altazor de Poesía (2012) por su obra Cuaderno de deportes.

9.- Coral Bracho (México, 1951)

Poeta. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas. Becaria de la Fundación Guggenheim. Miembro del SNCA. Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes 1981 por El ser que va a morir. Premio Xavier Villaurrutia 2003 por Ese espacio, ese jardín. Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2011. Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval 2016. Su poemario El ser que va a morir se incluye en la compilación Premio de Poesía Aguascalientes 30 años, 1978-1987 (Joaquín Mortiz/Gob. del Edo. de Aguascalientes/INBA, 1997).

10.- Chantal Maillard (Bruselas, 1951)

Doctora en filosofía y profesora titular de estética y teoría de las artes, hasta el año 2001 impartió docencia en la Universidad de Málaga. Ha vivido en Benarés, donde se especializó en filosofía y religiones indias. Es autora de Diarios indios y Husos, así como de numerosos ensayos, entre ellos Contra el arte, el más reciente. Considerada “una de las voces poéticas más intensas, honestas y radicales del panorama actual” (M.L. Blanco, El País).

11.- Mónica Nepote (México, 1970)

Estudió la carrera de letras en la Universidad de Guadalajara. Ha publicado en periódicos y suplementos culturales de su estado natal y de la ciudad de México, así como en las revistas Tierra Adentro, El Zahir y Trashumancia. Poemas suyos fueron incluidos en la antología de poetas jóvenes Calendario de palabras (1992). Publicó Trazos de noche herida en 1992.

12.- María Antonieta Flores (Venezuela, 1960)

Es una poeta, ensayista, crítica literaria y profesora universitaria venezolana, magíster en Literatura Latinoamericana, editora y directora de la revista literaria digital El Cautivo. Actualmente mantiene una columna en la revista digital El Cautivo, medio que fundó en el año 2004.Ha obtenido diversos premios por su obra, entre ellos el Premio Municipal de Literatura “Rafael Ángel Insausti” mención Ensayo 1996 y el Premio Anual de la Fundación para la Cultura Urbana en el año 2001, por su libro «Índigo».

13.- Valeria Tentoni (Argentina, 1985)

Es periodista y escritora. Edita, desde 2011, la Audioteca de poesía contemporánea. Publicó los libros de poesía Batalla sonora (Manual Ediciones, 2009), Ajuar (1º Premio Concurso Editorial Ruinas Circulares, 2011) y Antitierra (Libros del pez espiral, 2014), así como el libro de relatos El sistema del silencio (17 Grises, 2012). Participó como guionista de El abrigo del viento, de Romina Haurie (Lupa Productora, 2013). Fue incluida en distintas antologías, como Voces -30 de jóvenes narradores latinoamericanos (Ebooks Patagonia, 2014) y Penúltimos. 33 poetas de Argentina 1965-1985 (UNAM, 2014).

14.- María Negroni (Argentina, 1951)

Licenciada en Literatura Latinoamericana. Actualmente reside en New York, donde trabaja dictando clases en la Universidad. Se distingue de otras poetas argentinas por su interés en la literatura gótica y recientemente ha publicado una colección de ensayos donde analiza diversas obras de autores conocidos. Ha publicado numerosos libros de ensayos y poesía y recibido numerosos premios.

Ingrid Odgers Toloza es Ingeniera Informática Multimedia, directora de Ediciones Orlando, poeta, narradora, ensayista, crítica literaria, editora, gestora cultural, directora de talleres literarios del Biobío, Concepción de Chile.

Autora Ingrid Odgers Toloza
Fotografias, portada de la autora. archivo de la revista
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